Reforma del casco viejo de vitoriaIbon Urizar en nombre de Iniciativa AUZOPLAN. Leído en DEIA, 29 de marzo de 2005.En los últimos tiempos, y de la mano de dos reuniones monográficas a puerta cerrada de los diversos grupos municipales, ha vuelto a las primeras páginas de los medios de comunicación el ya viejo debate sobre la acuciante necesidad de recuperar y revitalizar el Casco Viejo de nuestra ciudad, y las decenas de millones de euros que se proyectan presupuestar para poner en marcha las numerosas propuestas que con ese objetivo contemplaría el llamado PERI del Casco Viejo. Cuando se habla de un Plan Especial de Rehabilitación Integrada cabría suponer que con la inyección de ese dinero público se pretende no sólo impulsar el turismo y el comercio en la zona o rehabilitar parcialmente las viviendas e infraestructuras, sino, principalmente, asentar las bases para una transformación social duradera y positiva en el barrio. Pero no es así. Para ello, debería figurar expresamente entre los objetivos de la rehabilitación que ésta se ocupara de proponer un modelo participativo e integral que el vecindario definiera y que permitiera su rehabilitación social. Hacer una rehabilitación social implica una acción social y ésta necesita de una política social. Por ello el PERI debería partir de un diagnóstico profundo y compartido con el vecindario y de una actuación participativa y horizontal entre instituciones y vecindario. Porque la famosa "degradación" del barrio es, entre otras cosas, la destrucción de la comunidad, la fractura de la red de relaciones sociales entre las personas vecinas del barrio, la separación entre políticas de intervención y sujetos sociales y, en última instancia, la imposibilidad de que estos participen en la organización de su territorio y de sus vidas. Porque la lista de problemas del Casco no abordados por el actual PERI es larga. Son cuestiones que afectan a la escolarización, a la seguridad (entendida como algo que afecta a la salud, a la educación, al trabajo, a los recursos económicos, a la soledad y a la marginación, a la libre circulación... no sólo a la llamada seguridad ciudadana).Un Plan Integral debería incluir datos sobre recursos y necesidades económicas de la población, estado de los equipamientos (educación, sanidad, sociales: y su función como mecanismo de estructuración y de cooperación social, no como organismos de "atención al público" separados de la gente y que "se visitan"), situaciones familiares, carencias afectivas y sociales (soledad, desamparo de personas de avanzada edad…).Y todo ello debería formar parte de un amplísimo debate público entre la gente del barrio. Esto es lo que reclamamos. Porque entre las preocupaciones de usuarios y vecinos del barrio sí figuran cuestiones que todos los planes y programas dejan de lado: las subvenciones al 100% para familias sin recursos en las rehabilitaciones de sus viviendas, un plan de erradicación de la infravivienda que incluya el presupuesto para el realojo en el barrio de l@s vecin@s afectad@s si así lo desean, la acción municipal contra los propietarios verticales o los agentes inmobiliarios que promueven la ruina de edificios con sus inquilin@s dentro, el control de los alquileres y de las viviendas vacías, la promoción de autorrecursos para el barrio en el ámbito del Plan de Rehabilitación (talleres de oficios relacionados con la rehabilitación, por ejemplo), el abandono de las persecuciones administrativas y policiales contra organizaciones y centros que trabajan por y desde el barrio, como por ejemplo el Gaztetxe, que a pesar del volumen de actividades que desarrolla sufre la persecución policial y administrativa y la amenaza permanente de desalojo. También señalar una realidad de difícil solución con las actuales políticas de inmigración, la de los inmigrantes irregulares que no pueden acceder al mercado laboral legal y que están condenados a la explotación, en situaciones de grave riesgo social y llegando en algunos casos aislados a la delincuencia. La administración mira a otro lado y manda policía: no a buscar a los que explotan a los trabajadores inmigrantes, sino a buscar a los sin papeles, a pequeños trapicheros o a la prostitución más indefensa. Por su parte, el primer gran objetivo del PERI, ya se está cumpliendo: que la población del barrio sea la adecuada al nuevo carácter que se quiere dar al Casco. Para conseguirlo sólo ha hecho falta inyectar el dinero suficiente para activar el mercado. Este ha hecho todo lo demás. Y, claro, el mercado no entiende de lo que se queda fuera, de aquell@s de quienes no obtiene beneficios: inquilin@s que no pueden pagar los nuevos precios, buscadores de vivienda en propiedad que no tienen dinero suficiente, gentes con malos o regulares trabajos y malas o peores cuentas corrientes. El mercado coloca a cada cual en su sitio. El barrio será mejor... para quienes vengan. Tod@s conocemos a gente cuyos problemas de trabajo, de dinero, de vivienda no se pueden solucionar con esta rehabilitación. Tod@s conocemos a gente que se ha ido o tendrá que irse del barrio. Tod@s conocemos a gente que no quiere que éste se convierta en un barrio residencial y turístico, sino que le gustaría proyectar un barrio que mantuviera sus signos de comunidad abierta y participativa perdiendo a la vez sus características de barrio empobrecido. Éste debería ser el objetivo de la rehabilitación: que no haya casas ruinosas, que la gente tenga recursos suficientes para vivir a gusto, que el barrio sea habitable, que las casas y las calles sean habitables... y que nadie tenga que irse si no quiere, que los alquileres sean baratos, que haya espacios suficientes para vivir y socializar, espacios de cooperación e intercambio y participación. Pero eso no figura en los planes del PERI. Los modelos conocidos de los centros históricos de las grandes ciudades, hechos desde los despachos, con abundante dinero que revierte en beneficios para promotores y constructores, con traslados forzosos o "negociados" de la población tradicional, dedicados más a la transformación urbanística que a las necesidades sociales (con macroproyectos de carácter cultural que, sin embargo, no son sentidos como prioritarios por parte del vecindario), sin participación vecinal o con participación simbólica... esos modelos no nos valen. Queremos decidir el barrio que queremos y responsabilizarnos de conseguirlo. Y para eso es imprescindible que personas vecinas y usuarias del Casco opinemos y tomemos parte. Algunas de ellas, visto que las instituciones nos niegan esa posibilidad, hemos decidido tomar la iniciativa e intentar abrir esos canales de participación. Por eso te invitamos a que, si en las próximas semanas y meses te encuentras propuestas que bajo el lema Auzo-Plan soliciten tu implicación, acércate y toma parte; opina, propón, denuncia o debate. Sólo con la participación de todas y todos quienes vivimos y disfrutamos del Casco Viejo de Gasteiz será posible diseñar el verdadero Plan que el barrio necesita. El Auzo-Plan. |